LA VERDAD SOBRE EL HOMBRE

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En nuestro último blog hablamos de cómo es el verdadero Dios, el cual es expuesto en la Biblia. Estudiamos juntos que él es el creador, es misericordioso, lleno de amor inagotable y justo. Además, vimos que Dios ha declarado en muchas partes de las Escrituras que él, porque es justo, destruirá a todos los pecadores, a todos los malvados de este mundo. Los profetas del Antiguo Testamento hablaron en muchas ocasiones de ese día de destrucción y lo llamaron El día del Señor. Miremos cómo algunos de ellos lo expresaron en sus libros:

Pues miren, el día del Señor ya viene,

el día terrible de su furia y de su ira feroz.

La tierra quedará desolada,

y con ella los pecadores serán destruidos.

Los cielos se pondrán negros sobre ellos;

las estrellas no darán luz.

El sol estará oscuro cuando salga

y la luna no iluminará.

Yo, el Señor, castigaré al mundo por su maldad

y a los perversos por su pecado.

Aplastaré la arrogancia de los soberbios

y humillaré el orgullo de los poderosos.

Isaías 13:9–11 (NTV)

Arrasaré con todo lo que hay

sobre la faz de la tierra —dice el Señor—.

Arrasaré con personas y animales por igual;

arrasaré con las aves de los cielos y con los peces del mar.

Reduciré a los malvados a un montón de escombros

y borraré a la humanidad de la faz de la tierra —dice el Señor.

Sofonías 1:2–3 (NTV)

Estas son advertencias severas. ¡Dios ha determinado un día de juicio donde el universo entero será estremecido y todos los pecadores sufrirán su justo juicio! A pesar de que estas palabras tan fuertes se encuentren en la Biblia, muchas personas les dan poca importancia, se sienten tranquilas al leerlas y creen que esto está determinado solo para aquellos malvados y pecadores que vemos en las noticias todos los días: aquellos que han asesinado a inocentes, que han robado a los pobres, que han violado incluso a sus hijos, que han traficado drogas ilegales o quienes se encuentran en esta época comprando votos electorales…, y la lista podría no terminar. Sin embargo, las Escrituras tienen un concepto muy diferente de lo que es una persona malvada y pecadora.

El libro de Génesis nos relata la famosa historia de la creación y de cómo este mundo perfecto fue corrompido por causa de la desobediencia de nuestros primeros padres, Adán y Eva. Ellos pecaron al comer del fruto del conocimiento del bien y el mal que Dios les advirtió evitar, perdieron su estado de inocencia, fueron expulsados de una comunión perfecta e ilimitada con Dios y recibieron sobre sí la sentencia por su transgresión: la muerte misma[1]

Si ignoramos este capítulo de la historia, fallaremos en comprender el resto de la Biblia para interpretar lo que sucede hoy día a nuestro alrededor. El pecado de Adán y Eva no murió con ellos dos, sino que fue heredado por sus hijos ¡y también por los hijos de sus hijos hasta nosotros el día de hoy! Miremos juntos lo que dice Dios de los seres humanos luego de la expulsión de Adán y Eva del Edén:

El Señor vio la magnitud de la maldad humana en la tierra y que todo lo que la gente pensaba o imaginaba era siempre y totalmente malo. Entonces el Señor lamentó haber creado al ser humano y haberlo puesto sobre la tierra. Se le partió el corazón. Génesis 6:5–6 (NTV)

Las personas en los días de Noé eran malvadas, todo lo que pensaban o imaginaban tendía siempre a lo malo (Génesis 6:5), pero estas personas del pasado no son diferentes a nosotros hoy, de hecho, ¡seguimos siendo la misma especie desde entonces! Considera al menos lo siguiente: ¿Cuántos malos pensamientos has tenido en el transcurso de la semana?, ¿crees que Dios aprueba cada pensamiento e imaginación que tu mente ha tenido en las últimas 24 horas?

Más adelante, en la historia de la Biblia, Dios habla acerca del corazón del ser humano y dice lo siguiente:

El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso. ¿Quién realmente sabe qué tan malo es?  Jeremías 17:9 (NTV)

El corazón del ser humano es extremadamente perverso. Dios lo conoce mejor que nadie. Nuestras inclinaciones hacia la maldad y el pecado son evidentes aún desde nuestra niñez (Gen. 21:9). Notemos que, aunque a los niños no se les enseñe a hacer lo malo, ellos ya vienen con la necedad incorporada en sus corazones y hay que apartarlos de ella con disciplina (Prov. 22:15). Por lo tanto, esta verdad aplica a todo el género humano sin importar la edad.

Por último, el apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, expone a través de las Escrituras la condición de todo ser humano delante de Dios, diciendo:

Como dicen las Escrituras:

«No hay ni un solo justo,

ni siquiera uno.

Nadie es realmente sabio,

nadie busca a Dios.

Todos se desviaron,

todos se volvieron inútiles.

No hay ni uno que haga lo bueno,

ni uno solo».

Romanos 3:10–12 (NTV)

Entonces, básicamente, las Escrituras declaran que todos, por naturaleza, niños, adultos, ancianos, mujeres y hombres, somos pecadores delante de Dios por igual, ¡no hay ni uno bueno, no hay ni uno justo! El ser humano fue corrompido desde Adán, su corazón es perverso y sin remedio, no se sujeta a la ley de Dios, sino que siempre tiende a lo malo, y no hay nada que podamos hacer para salvarnos ante el día de su Santa Ira contra los pecadores.

Si quisiéramos justificarnos, defendiendo que nosotros no practicamos tantos pecados como otras personas, las Escrituras dice que “el que obedece todas las leyes de Dios menos una es tan culpable como el que las desobedece todas(Santiago 2:10 NTV). Y si pensáramos que por hacer obras justas y bondadosas ganaremos la aceptación de Dios, las Escrituras vuelven a decir que “cuando mostramos nuestros actos de justicia, no son más que trapos sucios” delante de un Dios Santo (Isaías 64:6 NTV).

Hasta este momento, solo hemos visto una mala noticia y es que ¡estamos condenados! La Escritura nos muestra nuestra verdadera condición, somos pecadores sin ningún remedio y sin ninguna esperanza en nosotros mismos. El ser humano merece ser destruido por la Ira del Dios Santo que un día vendrá para traer justicia y juzgar al mundo entero. Toda esta situación nos deja con las siguientes preguntas: ¿De qué manera, entonces, puede ser salvo el ser humano?, si no podemos salvarnos a nosotros mismos, ¿qué o quién podría salvarnos del día en que Dios destruirá a todos los pecadores del mundo? (Apocalipsis 20:11-15).

En el próximo blog descubriremos cuál es la Buena Noticia que ofrece el evangelio para todos aquellos que reconocen su verdadera condición de pecado delante de Dios y temen ante aquel día de Su venida.


[1] Leer todo Génesis capítulo 3 para mayor comprensión.

Visita el Blog  Cristo es Fiel

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