LA UTILIDAD DE LA TEOLOGÍA BÍBLICA PARA EL PASTOR Y EL MAESTRO

LA UTILIDAD DE LA TEOLOGÍA BÍBLICA PARA EL PASTOR Y EL MAESTRO

¿Te gustan los rompecabezas?

Cuando armamos un rompecabezas, podemos tener cientos de piezas delante de nosotros. Algunas son fáciles de identificar; otras parecen prácticamente iguales. Si intentamos colocar una pieza a la fuerza donde no corresponde, podemos terminar dañándola.

Pero hay algo que nos ayuda: la imagen que aparece en la tapa de la caja.

Esa imagen nos permite saber hacia dónde vamos. Nos ayuda a reconocer dónde encaja cada pieza y, sobre todo, nos permite ver cómo todas las piezas forman una sola imagen.

Algo parecido sucede cuando estudiamos la Biblia.

Podemos conocer muchos versículos, historias, personajes y doctrinas, pero si no entendemos cómo encajan dentro de la gran historia de las Escrituras, podemos terminar enseñando la Biblia como una colección de historias independientes o como un conjunto de consejos para vivir mejor.

Y eso es especialmente importante para quienes predicamos y enseñamos la Palabra de Dios.

Necesitamos ver la imagen completa

La teología bíblica es una herramienta que nos ayuda a leer toda la historia bíblica poniendo nuestra atención en el tema central de las Escrituras: Jesucristo.

Podríamos decirlo de una manera sencilla:

La teología bíblica es el mapa que nos ayuda a recorrer toda la Biblia hasta llegar a Cristo.

Esto no significa que cada versículo mencione directamente el nombre de Jesús. Significa que debemos aprender a reconocer cómo cada parte de las Escrituras se relaciona con la gran historia de la salvación que encuentra su centro y cumplimiento en Cristo.

Jesús mismo enseñó esto.

En Juan 5:39, les dijo a los judíos que escudriñaban las Escrituras, pero no reconocían que ellas daban testimonio de Él. Y después de su resurrección, mientras caminaba con los discípulos de Emaús, comenzó con Moisés y continuó con todos los profetas para explicarles lo que las Escrituras decían acerca de Él (Lc. 24:25–27).

Esto cambia la manera en que leemos y enseñamos la Biblia.

La Biblia no es simplemente una biblioteca de sesenta y seis libros independientes. Es una gran historia compuesta por muchos libros, épocas, personajes y acontecimientos, pero con un mismo gran propósito redentor.

Desde Génesis hasta Apocalipsis, Jesucristo ocupa el centro de esa historia.

¿Cómo podemos entender esa gran historia?

Una manera sencilla de comenzar es reconocer cuatro grandes momentos:

Creación. Dios crea todas las cosas buenas y establece al ser humano para vivir bajo su gobierno (Gn. 1–2).

Caída. El pecado entra en el mundo y afecta la relación del ser humano con Dios, con los demás y con la creación (Gn. 3 en adelante).

Redención. Dios desarrolla su plan de salvación a lo largo de la historia hasta su cumplimiento en la encarnación, muerte, resurrección, ascensión y exaltación de Jesucristo.

Consumación. Cristo regresará, cumplirá plenamente las promesas de Dios y traerá la nueva creación, donde el pecado y la muerte ya no tendrán lugar (Ap. 21–22).

Entonces, cuando prepares una predicación o una clase, puedes comenzar haciendo una pregunta sencilla:

¿Dónde se encuentra este pasaje dentro de la gran historia de la Biblia?

Después puedes preguntar:

¿Cómo se conecta con lo que Dios está haciendo a lo largo de las Escrituras y cómo nos lleva a comprender mejor a Cristo?

Estas preguntas pueden evitar que tratemos un texto de manera aislada.

Aprender a seguir los temas de la Biblia

La teología bíblica también nos ayuda a reconocer temas, imágenes y patrones que aparecen a lo largo de las Escrituras.

Por ejemplo, pensemos en la imagen del árbol.

En Génesis encontramos el jardín de Edén y los árboles que Dios hizo crecer allí. Más adelante, Israel es descrito como una vid que Dios plantó. Los profetas utilizan nuevamente imágenes de árboles y viñas para hablar de Israel, su pecado y el juicio que vendría sobre la nación.

Pero la historia no termina allí.

Isaías habla de un renuevo que brotaría del tronco de Isaí (Is. 11:1). También presenta al Siervo como una raíz que surge de tierra seca (Is. 53:2).

Finalmente, encontramos nuevamente el lenguaje del árbol de la vida en Apocalipsis.

La imagen no está allí simplemente para que descubramos conexiones interesantes. Nos permite observar cómo Dios desarrolla progresivamente su propósito a través de las Escrituras hasta llegar a Cristo y a la restauración final de todas las cosas.

Esto nos enseña algo importante para nuestra predicación:

No debemos buscar conexiones con Cristo porque queremos encontrar algo novedoso. Debemos aprender a seguir las conexiones que las propias Escrituras establecen.

¿Por qué esto es tan importante para el pastor y el maestro?

La teología bíblica no debería ser simplemente un conocimiento reservado para especialistas.

Es una herramienta tremendamente práctica para cualquiera que tenga la responsabilidad de enseñar la Palabra de Dios.

1. Nos ayuda a entender cuál es el propósito principal de la Biblia

La Biblia no es un libro de frases inspiradoras, consejos para mejorar nuestra vida o historias independientes.

Las Escrituras revelan quién es Dios, cómo actúa en la historia y cómo lleva adelante su propósito redentor por medio de su Hijo y mediante su Espíritu.

Por eso, cuando enseñamos un pasaje, debemos procurar que nuestra audiencia no solamente salga diciendo: “Hoy aprendí algo sobre David, Moisés, Rut o los sacrificios”.

Queremos que pueda comprender: “Hoy entendí mejor quién es Dios, qué está haciendo en su plan redentor y cómo este pasaje se relaciona con Cristo”.

La teología bíblica nos ayuda a mantener esa perspectiva.

2. Protege a la iglesia de una mala interpretación de las Escrituras

Una iglesia puede conocer muchos textos bíblicos y, aun así, tener una comprensión equivocada del evangelio.

Por eso necesitamos enseñar los textos dentro de la historia bíblica.

Cuando entendemos dónde encaja cada libro, acontecimiento, personaje y enseñanza dentro de la revelación progresiva de Dios, podemos comprender mejor quién es Cristo y qué significa su evangelio.

Esto protege a la iglesia de convertir el mensaje cristiano en moralismo, legalismo o simplemente buenos consejos.

El objetivo de nuestra predicación no es producir personas que sepan más datos bíblicos, sino personas que conozcan a Cristo y sean transformadas por su Palabra.

3. Nos ayuda a evangelizar mejor

Evangelizar no consiste solamente en presentar algunos versículos y pedirle a una persona que tome una decisión.

Las personas necesitan comprender la historia que explica por qué necesitan salvación.

Necesitamos comenzar con Dios y la creación. Necesitamos explicar qué ocurrió con el pecado y por qué el mundo está quebrantado. Necesitamos mostrar cómo Dios desarrolló su plan de redención y por qué Jesucristo vino, murió y resucitó.

Cuando alguien comprende esa historia, comienza a entender también por qué el evangelio importa para su vida.

El evangelio no es una solución aislada para uno de nuestros problemas. Es la buena noticia de lo que Dios está haciendo en Cristo para redimir a un pueblo y restaurar todas las cosas.

4. Nos ayuda a enseñar la Biblia como Jesús enseñó

Quizá este sea uno de los mayores beneficios.

Después de su resurrección, Jesús enseñó a sus discípulos cómo leer las Escrituras.

Les mostró que la historia de Moisés, los Profetas y los demás escritos apuntaba hacia Él.

Por eso, enseñar la Biblia de manera cristocéntrica no significa mencionar a Jesús de manera artificial al final de cada sermón.

Significa aprender a mostrar cómo el propio texto participa en la historia que encuentra su cumplimiento en Cristo.

No se trata de encontrar a Jesús escondido detrás de cada detalle. Se trata de mostrar cómo las Escrituras mismas nos conducen hacia Él.

Pero debemos tener cuidado

Aquí necesitamos una advertencia.

La teología bíblica es una herramienta maravillosa, pero podemos utilizarla mal.

Un pastor puede descubrir diez conexiones interesantes en un texto y sentir la necesidad de explicarlas todas. Pero la congregación no necesita conocer todas nuestras conexiones teológicas.

Necesita escuchar con claridad la voz de Dios a través de su Palabra.

También podemos caer en el error de forzar cada pasaje del Antiguo Testamento para conectarlo directamente con Cristo de una manera que el texto no permite.

Eso convierte la predicación en una especie de juego de imaginación.

La conexión con Cristo debe tener fundamento bíblico, claridad doctrinal y coherencia con el desarrollo de las Escrituras. Debemos evitar lo especulativo y las conexiones forzadas.

Esto significa que la teología bíblica no reemplaza la exégesis.

Primero debemos escuchar cuidadosamente lo que el texto dice en su contexto. Después debemos comprender cómo ese texto encaja dentro del desarrollo de la revelación bíblica.

Y finalmente debemos mostrar cómo esa gran historia encuentra su centro en Cristo.

La teología bíblica también nos da esperanza

Hay algo hermoso en comprender la Biblia como una sola historia.

Nos recuerda de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Comenzamos en la creación, pasamos por la tragedia del pecado, vemos el desarrollo del plan redentor de Dios y esperamos la nueva creación.

Eso significa que nuestra historia no termina en nuestras luchas actuales.

El cristiano pertenece a una historia mucho más grande que sus problemas, sus fracasos y sus circunstancias.

Cristo está llevando la historia hacia un final glorioso.

La teología bíblica nos permite ver esa historia completa y, por eso, alimenta nuestra esperanza, perseverancia y alegría aun en medio de las dificultades.

Entonces, ¿qué debería hacer un pastor o maestro?

Comienza de una manera muy sencilla:

Lee la Biblia.

Léela completa. Léela repetidamente. Léela cuidadosamente y en oración.

No estudies únicamente el pasaje que vas a predicar el próximo domingo. Aprende a conocer la historia completa de las Escrituras.

Cuando prepares tu próximo sermón o clase, hazte algunas preguntas:

• ¿Dónde encaja este pasaje dentro de la historia bíblica?
• ¿Qué está revelando acerca de Dios?
• ¿Qué lugar ocupa dentro del desarrollo de la redención?
• ¿Cómo se relaciona con Cristo?
• ¿Qué conexión establece la propia Biblia con otros textos?
• ¿Cómo debo enseñar esto de manera clara y sencilla a mi congregación?

Estas preguntas pueden cambiar profundamente nuestra manera de enseñar.

Los sacrificios levíticos, la conquista de Canaán, los reinados de David y Salomón y muchas otras partes de la Biblia pueden parecernos difíciles de aplicar directamente a los cristianos de hoy. Pero cuando los vemos dentro de la historia de la redención y a la luz de Cristo, comenzamos a comprender mejor su significado y relevancia.

Predicar la Biblia es ayudar a las personas a ver la gran imagen

Volvamos al rompecabezas.

Una pieza puede ser hermosa por sí misma, pero adquiere todo su significado cuando sabemos dónde encaja.

De la misma manera, un versículo puede enseñarnos una verdad preciosa, pero necesitamos aprender a verlo dentro de la gran historia de las Escrituras.

Como pastores y maestros, nuestra tarea no consiste simplemente en entregar piezas sueltas.

Debemos ayudar a la iglesia a ver la imagen completa.

Y esa imagen tiene un centro.

Es Jesucristo.

Él es el Rey prometido. Él es el cumplimiento de las promesas. Él es el Salvador que vino a redimir a su pueblo. Él es aquel hacia quien apunta la historia bíblica y en quien las promesas de Dios encuentran su cumplimiento.

Por eso, la próxima vez que abras la Biblia para preparar un sermón, una clase o un estudio, no preguntes solamente:

“¿Qué puedo decir acerca de este texto?”

Pregunta también:

“¿Cómo encaja este texto en la gran historia que Dios está contando?”

Y mientras sigues cuidadosamente esa historia, permite que las Escrituras mismas te conduzcan hacia Cristo.

Porque enseñar bien la Biblia no consiste simplemente en explicar muchas piezas.

Consiste en ayudar a la iglesia a ver cómo todas ellas forman una sola historia: la historia de la gloria de Dios en la redención de su pueblo por medio de Jesucristo.

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